En el verano boreal de 1889, a los 72 años, el neurólogo francés Charles-Edouard Brown-Séquard hizo un sorprendente anuncio en la Sociedad de Biología de su país: dijo que se sentía muy bien después de inyectarse una emulsión... ¡de testículos de perro y cobayo!
El intento, lo más parecido a un experimento "científico" para prolongar la vida -al menos,
si se lo compara con las recetas de griegos y romanos, que recomendaban dormir con jóvenes vírgenes, o las de los antiguos chinos, que proponían un elixir dorado cuya preparación tardaba nueve meses y garantizaba la inmortalidad-, no fue más que el primero de una larga serie.
"Envejecemos como podemos, pero también como queremos", afirma el doctor Alejandro Mondelli, médico gerontólogo y presidente de la Sociedad Argentina para el Estudio del Envejecimiento y la Longevidad.
Los consejos para vivir más abundan. La mayoría son bastante aburridos: dormir lo suficiente, hacer actividad física, mantenerse delgado, tomar con moderación...
Sin embargo, afirman los investigadores, hasta ahora nadie demostró que ésta u otra fórmula puedan hacerlo vivir más de lo que está "programado" para vivir.
"Hay genes que se mantendrán estables y son favorables para el envejecimiento -explica Mondelli-, en tanto que otros sufrirán mutaciones que determinarán la producción de proteínas anómalas y, por lo tanto, alguna función se deteriorará, como por ejemplo la fabricación de enzimas encargadas de reparar los propios genes. Es sabido que los radicales libres [átomos muy reactivos] que se producen durante el metabolismo celular son responsables de las alteraciones en los genes y sus proteínas."
Matemática de la longevid ad
Un estudio estadístico de la Universidad de Chicago difundido por The New York Times descubrió que hay algunos potenciales predictores de longevidad extrema.
Los primogénitos de familias extensas tendrían de dos a tres veces más posibilidades que
los hermanos posteriores de tener una larga vida. También las personas criadas en el ambiente rural y los nacidos en octubre y noviembre. Pero a no alegrarse tan rápido: estos factores son significativos para las poblaciones, no para los individuos.
De todos los ensayos antienvejecimiento, la restricción calórica, que propone una dieta extremadamente baja en calorías, es la única que hasta ahora tiene alguna comprobación científica. Hace sesenta años, unos investigadores de la Universidad Cornell hicieron un extraordinario descubrimiento: vieron que podían extender un 33% la vida de ratas de laboratorio dándoles una ración muy baja en calorías.
Los animalitos también se mantenían más ágiles y sufrían menos enfermedades que sus congéneres normalmente alimentadas.
Aunque nunca fue probada en seres humanos, esta dieta parece activar un mecanismo protector y los científicos esperan poder "ponerlo en marcha" sin necesidad de someternos
a una dieta que nos mantendría permanentemente con hambre.
Otro recurso indudablemente benéfico es la actividad física. Estudios dados a conocer recientemente aseguran que quienes la practican regularmente pueden disminuir su edad biológica en hasta una década.
De acuerdo con estos preceptos, el doctor Mondelli aconseja restringir la cantidad de calorías ingeridas, realizar actividad física -que mejorará el metabolismo de la glucosa, la salud cardiovascular y la plasticidad del sistema nervioso-, mantenerse intelectual y socialmente activo.
"Estas premisas permitirán mantener sobre todo las funciones cognitivas, eje para un envejecimiento con salud -afirma-, porque el cerebro a pesar de su deterioro natural será capaz de suplantar las funciones que normalmente declinan gracias a su plasticidad."
Según el especialista, el New England Centenarian Study muestra que las personas centenarias tienen una historia personal de envejecimiento lento y que a lo largo de sus vidas han padecido pocas enfermedades como las neurodegenerativas, diabetes, arteriosclerosis y otras. También, que el 90% de ellos se encontraban funcionalmente autónomos hasta los 92 años y el 75%, hasta los 95.
"Nosotros también encontramos las siguientes características -agrega-: en general, los centenarios son delgados y poco afectos a fumar; tienen recursos suficientes para afrontar adecuadamente situaciones de estrés mejor que otros; son serenos, optimistas, cordiales y alegres."
Sea cual fuere la clave, todo indica que llegar a los cien años será cada vez menos extraordinario: si las predicciones de la Organización de las Naciones Unidas están en lo cierto, en 2050 más de dos millones de personas tendrán eso o más.
Para el investigador norteamericano Thomas Perls, vivir hasta los cien años es como ganar
la lotería. "Digamos que usted necesita seis números -dijo-. Uno sería no ser obeso; otro, ser mujer; otro, no desarrollar una enfermedad cardíaca; otro, no abusar de la sal y del alcohol, otro hacer actividad física."
Antes dejábamos todos estos números librados al azar. Ahora, manteniendo un mejor
estado de salud y tomando otras medidas de prevención, estamos siendo más eficaces
para predeterminar estos números. Es más fácil ganar la lotería que antes."
Autor: Nora Bär |
Fuente: LA NACION |