Saber desistir de lo que no podemos hacer puede ser una forma de afrontar la realidad, con más eficacia y seguir adelante con mayor confianza en uno mismo.
Por ejemplo:
Si debemos hacer una tarea que venimos postergando desde hace tiempo, tenemos dos opciones, una: hacerla, otra: desistir de hacerla. Si no hago ninguna de las dos, cada vez
que algo me lo haga recordar, el cerebro, me reprochará: - Dijiste que tenías que hacer tal cosa...¡y no lo haz hecho! Así, al preocuparme por algo que iba a hacer y no hice,
desperdicio mi energía.
Esto es sólo un ejemplo de las tantas tareas que guardamos en la memoria, que se van archivando y una de las posibles razones de “levantarnos cansados por las mañanas”.
Seguramente NUNCA se nos hubiera ocurrido asociarlo. Esto es así, debido a que la mente
debe retener una serie de recordatorios y decisiones que nunca se hacen realidad y de esta forma se consume energía, ya que se ha creado una unidad de atención.
¿Cuál es la solución?
Hacer lo que se propuso o desistir de hacerlo.
Si uno no lo puede hacer de inmediato, pero quiere hacerlo, existe una manera muy sencilla de vaciar el cerebro: Ponerlo por escrito.
De esta manera al escribirlo, la mente reacciona así: No necesito preocuparme más por esto. Esto mismo es válido para cualquier cosa que nos preocupe, lo que tenemos que comprar, las visitas que debemos hacer, consultas, trámites, etc.
Todas esas pequeñas cosas acumuladas en la mente son unidades de atención, que sobrecargan el cerebro, obstruyendo los pensamientos e impidiendo que nos concentremos en el presente. Si uno se va a la cama preocupado por el montón de cosas que debe hacer, el cerebro tendrá que mantener todo eso, mediante las ondas Beta, mientras que el sueño se produce con las ondas Delta.
En consecuencia habrá tanta tensión dentro de la cabeza que no podremos conciliar el sueño. Pero si adquirimos el hábito de escribirlo en una agenda, conseguiremos solucionar parte del problema. Podremos dormir tranquilos porque habremos liberado al cerebro de esos asuntos, hasta el momento que necesitemos realmente ocuparnos de ellos.
Dicen los chinos: "La mente ha de fluir como el agua”. Es lo que necesitamos para relajarnos, concentrarnos sólo en lo que se hace, sin pensar en otra cosa.
Práctica:
- Escribir las cinco cosas más importantes que debemos hacer mañana, por orden de prioridad. Tachar la tarea que se concluyó y pasar a la siguiente. Si surge algo imprevisto, colocar según su urgencia, en sustitución de alguna de ellas.
- NO REÑIR CON EL RELOJ, hacer lo que se pueda y lo que no, ponerlo en la lista del día siguiente.
Otras sugerencias para aliviar la carga diaria, sería tener en cuenta las siguientes alternativas, cuando se acumulan las tareas:
Resolver, Delegar o Eliminar: es preferible eliminar unidades de atención que sobrecargar la mente con asuntos no resueltos. Ante la duda, “arrojar a la papelera”.
Limpiando afuera (armarios, placards, cajones, etc.) se limpia adentro (el cerebro).
Abrir armarios y separar todo lo que no se ha usado en el último año, dárselo a alguien que lo necesite. Limpiar y ordenar cajones, tirar los papeles que se guardan y no se usan. Cuando limpiamos cajones o armarios también estamos limpiando nuestro cerebro. Al colocar las ideas en su lugar y descartar las que no tienen utilidad, se crea un espacio para lo nuevo. Al librarse de lo inservible se deja espacio libre para recibir nuevas cosas “en un armario, en un cajón, en la mente o en la vida” y cada actividad concluida nos recarga de energía para emprender otras.
Autora de la nota: Susana Morello
Fuente de inspiración: Viajar en el tiempo del Dr. Lair Ribeiro
Segmento auspiciado por: SER LUZ

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